MARTA NUNCA TRASNOCHA

RELATOS DE LA GATERA

Marta nunca Trasnocha

Aquella noche de viernes de finales de diciembre, en la la cena de navidad del club ciclista, Pedro y Jesús, sentados cada uno a un lado de la mesa, no dejaron de estar pendientes de cualquier pequeño gesto de Marta que pudiera darles alguna pista.

Pedro se dejaba llevar: contaba el primer chiste  que se le pasara por la cabeza -por muy grosero que fuese- buscando la aprobación del resto del grupo. En cambio Jesús, que era una persona bastante más refinada, prefería guardar silencio, medir sus palabras y en un estudiado ejercicio de fingido desinterés, tratar de captar la atención de Marta.

Marta, apoyada en la mesa sobre su codo izquierdo, se distraía enrollándose un mechón de su melena rubia con el dedo índice, sin dejar de mirar el letrero de una cafetería próxima que decía “desayunos” a través de la cristalera del restaurante,

-Habrá que ir a tomar algo ¿no?

-Sugirió Pedro de viva voz al resto del grupo, convencido de que estaba viviendo una noche inolvidable. Jesús, mirando al suelo y esbozando media sonrisa, pensaba que ya estaba todo hecho y sólo debía tirar de la caña en el momento oportuno. Marta, que ya se había puesto su anorak azul oscuro, dijo:

-Yo ya me voy a dormir, el día ha sido largo y tengo sueño

En realidad tenía otros planes: había quedado al día siguiente con Manuel, el mecánico de bicis del barrio, para desayunar antes de levantar el cierre del taller de bicicletas.

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