UNA DÉCIMA DE SEGUNDO

La Gatera

RELATOS DE LA GATERA

Una Décima de Segundo

Estaba roto. Roto como los caminos del Pardo que habían conseguido dejarme sin aliento a fuerza de conducirme por subidas imposibles y bajadas endiablas. Tras apoyar mi bicicleta en el muro que separa la calle del cauce del río, me senté en un banco cuya madera estaba ligeramente humedecida por la acción del otoño y la humedad de aquel ambiente de mediados de octubre.

En ese momento me puse a obsevar cómo una hoja amarillenta hacía ademán de suicidarse abandonando la seguridad que debe dar estar unida a uno de esos árboles centenarios que decoran la Avenida del Padre Cipriano.

El tiempo se volvió lento y pausado, como mi respiración recuperándose del anterior esfuerzo y, justo en ese momento, pasaste tú por el sedero del otro lado del río. Mejor dicho, me pareció verte pasar; pero, en realidad, lo que vi fue tu sombra silenciosa y rápida. Si acaso, en un acto reflejo de abrir y cerrar de ojos, pude distinguir el destello brillante de las pegatinas rojas que decoran tu bici plateada cortando el quieto y calmado aire de aquella tarde de otoño con la precisión del acero de una katana japonesa.

Creo que fue tu rebufo el que dio el último impulso a aquella hoja decidida a arrojarse al vacío ansiosa por terminar descansando a la orilla del río. Al menos a mi, desde luego, conseguiste pararme el pulso durante aquella décima de segundo.

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