ESTA TARDE VI LLOVER

RELATOS DE LA GATERA

Esta tarde vi llover

23/06/15

Hola Adriana ¿qué tal estás?
Esta tarde vi llover, aunque no vi a nadie correr porque estamos a veintitrés de junio y la gente en verano no corre bajo la lluvia.

En verano, en las tardes de verano, la lluvia en Madrid es un pequeño canto a la alegría de la vida compartido, secretamente, por todos los viandantes que se van cruzando en el paso de cebra que separa las dos aceras de la Castellana a la altura de Juan Hurtado de Mendoza.

Cada vez que, como ahora, te veo dormida, no puedo evitar recordar aquellos años en los que tenía tu edad. Recuerdo aquellos días en los que me quedaba adormilado al ritmo que marcaban los limpiaparabrisas en aquel viejo Dyane 6 de tu abuelo. Recuerdo también aquellas aburridas tardes, asomado a mi balcón en las que la lluvia dibujaba círculos concéntricos en los charcos  que iban creciendo en el solar que había delante de mi casa. Durante aquellos años la luvia no me gustaba porque la lluvia era incompatible con jugar en la calle. 

Pero la belleza de esta vida se encuentra en pequeños matices, que sólo se pueden apreciar mediante el filtro de la experiencia.

Esta tarde vi llover y, aunque hoy no he visto correr a nadie, el que va a correr mañana soy yo. Aunque no tenia pensado salir con la bici, no me quiero perder el increíble agarre que le proporciona a mis queridos senderos del Pardo la caída de estas benditas gotas de agua en forma de tormenta de verano. La física, cuando se une con la técnica es poesía en movimiento: sólo tienes que observar la gimnasia rítmica, por ejemplo, para darte cuenta de que hay movimientos que son arte puro y lírica en el aire. Lo mismo ocurre cuando se juntan el campo y la lluvia; las esencias de jara y los colores propios del bosque mediterráneo en verano se expanden infinitamente creando un paisaje digno de ser contemplado. Mucho mejor, por cierto, si este paisaje se contempla a bordo de una Santa Cruz Chameleon trazando curvas imposibles por los senderos del Pardo cuando el terreno está seco pero muy reales con el suelo húmedo. Esa sensación de control, de poder dibujar líneas con la bici, como si de un rotulador se tratara,  en un lienzo sublime y encantadoramente irregular que es el suelo del campo,

Esta tarde vi llover, Adriana. Pero tú sigue durmiendo, me apuesto lo que quieras a que estás soñando con un atardecer soleado en el mar mientras haces castillos de arena en la orilla, que es lo que os gusta a los niños de tu edad.

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