LA PROFESORA VIRGINIA

RELATOS DE LA GATERA

La Profesora Virginia

04/08/15
Creo que nunca te he hablado de una profesora que tuve en el instituto llamada Virginia.

La Profesora Virginia era mi profesora de literatura el año en que repetí segundo de BUP y, sin duda, una de las personas que más me ha influido en mi manera de ver el mundo. De aquella profesora siempre recordaré dos cosas; la primera es que me enseñó lo que de verdad es el fin último del romanticismo; que no es otra cosa que la libertad. Liberarse de ataduras convencionales, de cosas que no necesitamos para poder volar por el mundo, siendo esclavos, si acaso de nuestras propias emociones.

Algo que le encantaba decir a la Profesora Virginia era que nosotros, sus alumnos éramos asquerosamente jóvenes; aquella buena mujer intentaba mantener con nosotros conversaciones acerca de cómo los diferentes escritores plasmaban sus ideales vitales en sus obras y nosotros, pobres alumnos, nos encogíamos de hombros y no entendíamos nada ¡Sois asquerosamente jóvenes! nos decía, y se reía. Después nos hablaba de su colección de vinilos, de cuyas canciones, que escuchaba en su casa de vez en cuando, en seguida se aburría. Según ella, otro síntoma de madurez. Los jóvenes podíamos estar horas enteras dando vueltas al mismo disco sin parar .

Muchos años más tarde me doy cuenta de lo mucho que le debo a esta profesora: el paso de los años hace que nos vayamos librando de viejas ataduras, ideas preconcebidas que vamos adoptando en pro de un supuesto crecimiento que, años después, descubrimos que no nos lleva a ninguna parte. Con el paso de los años somos más felices porque ya no nos sentimos expuestos en ningún escaparate, somos más sinceros y terminamos rigiendo nuestras vidas por la elegancia de la sencillez.

La elegancia de la sencillez, Adriana, que no debes confundir con la simpleza, con las cosas a medio hacer ni nada por el estilo. Precisamente sencillez y simpleza suelen ser opuestos. Dar con el equilibrio perfecto entre ensayo milimétrico y espacio para la improvisación es, cualquier cosa menos simple.

Una vez has logrado este equilibrio, sobran los aspavientos, los adornos y, lo que es más importante, no hay por qué fingir. No es necesario disfrazarse. Apuesta por la sencillez y ten por seguro que tu valentía tendrá su recompensa. Descubrirás que toda tu vida se convierte en una danza que desde la más absoluta naturalidad se vuelve endiabladamente ágil, audaz y apasionante. Romántica, si quieres.

Ya lo entenderás. De momento eres asquerosamente joven.

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