LA VIDA EN ROSA

RELATOS DE LA GATERA

La vida en rosa

15/07/15

Adri, espera un momento que ahora te pongo tu música. Estoy escuchando unas canciones de origen francés interpretadas por mi admirada Sole Gimenez. Escucha esta canción: se llama la Bohème. 

En esta canción la cantante nos va narrando un tiempo pasado en el que vivía junto a un pintor en una buhardilla de París. En un tono especialmente nostálgico y sin embargo muy vital, nos habla de recuerdos muy felices de un tiempo pasado. A mi me llama especialmente la atención una frase que dice “el ansia de vivir nos hizo resistir y no desfallecer” ¿no te parece que es una manera apasionante de plantearse la vida?

Ayer estuve con Nieves y Pedro dando una vuelta por La Pedriza, que es uno de mis primeros santuarios. Se puede decir que fue en aquel maravilloso lugar surcado por el Manzanares donde aprendí de verdad a moverme sobre la bici de monte.

Tengo recuerdos muy antiguos de la Pedriza; recuerdo cuando niño aquellas tardes de verano en las que los primos nos deslizábamos por aquellos toboganes esculpidos sobre roca de granito por la paciente acción de aquellas aguas tan frías. Por no hablar de que las primeras rutas que conocí con la bici de monte fueron, precisamente, en La Pedriza.

Dejamos los coches a las ocho de la mañana, que ya es madrugar, a las puertas de la Pedriza y comenzamos a subir por el lado izquierdo, buscando Las Zetas. Lo más curioso es que a pesar de pasar una y mil veces por los mismos caminos, ayer descubrimos un nuevo sendero que enlazaba con los dos que solemos recorrer para llegar a Cantocochino recortando algunas zetas.

Fue una mañana sensacional de verdad, ya que subiendo dieciséis kilómetros por una pista bastante cómoda logramos enlazar cinco senderos de bajada, que es lo que más me gusta; bajar por senderos, algunos de ellos prohibidos para las bicis.

Los de ayer tenían una particularidad; a medida que llegábamos a un nuevo sendero descubríamos que era un poco menos técnico que el anterior y más veloz, con lo cual la diversión iba in crescendo.

El descubrimiento del sendero más alto es un tremenda lección de la vida; no te debes limitar a vivir tu vida como si fuera un telediario ni siquiera en aquellos días en los que la rutina más tediosa nos invade. A veces se produce el milagro y la sorpresa llama a nuestra puerta.

Es una manera de arrastrarse por la vida  renunciar a vivir momentos de gran felicidad pensando que algún día no serán más que tristes recuerdos. Una vida en la que no te atrevas a sostener una mirada por si acaso su recuerdo se ancla en tu mente no merece la pena, Adri: es mejor que asumas riesgos cuando sea menester: las sorpresas que se cuelan entre las hojas del calendario sólo se dejan ver por quien tiene un momento para pararse a mirar y las ganas de que todos los días no sean iguales. Ya sea en La Pedriza o en la puerta de casa. Si Edith Piaf tuvo momentos en los que vio la vida en rosa fue porque tuvo la valentía de vivir el momento cuando fue preciso.

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