MI PRIMERA BICI DE MAYOR

RELATOS DE LA GATERA

Mi primera bici de mayor

17/03/15

Adri; apaga ya la tele y vamos a dormir, que mañana tienes que ir al colegio y después tienes baile. Corre, ponte el pijama y lávate los dientes, que cuando te hayas metido en la cama te voy a contar una cosa que me pasó cuando era pequeño:


Tenía seis años. Estaba con tu abuela Espe y tus tíos Miguel y Alberto en aquel parque de Alcalá de Henares. Jugaba haciendo pequeños castillos de arena mientras tu abuela no me quitaba ojo. Lo que para cualquier persona que pasara por ahí no dejaba de ser una escena de lo más normal un viernes por la tarde de hace treinta años, de esos en los que los padres trabajaban en una oficina y no disfrutaban de jornada intensiva, para mi fue el día más feliz de mi vida


Aunque yo estaba tan tranquilo, en mi interior se mezclaban la ilusión inocente de la infancia, no envenenada aun por esa ansiedad que tanto daño nos hace de adultos, con una impaciencia tranquila, serena: como de quién sabe que un gran momento está tocando a tu puerta y nada ni nadie puede chafarlo. El Yayo José estaba a punto de llegar pero, digamos, que no venía solo. Llegó con aquella preciosa Motoreta Orbea: mi primera bici “de mayor”. Una bicicleta que ya no llevaba aquellos infantiles ruedines que ni a ti ahora ni mi entonces, nos hacen ni la más mínima gracia. Aquella bici era de un color azul eléctrico, metalizado,  que no se me olvidará nunca y una horquilla con unos muelles de adorno que daba aspecto agresivo, como de bici “de mayor”


Una de las cosas que más recuerdo de aquella bici es que era plegable, cosa que me hacía mucha gracia. Me preguntaba cómo era posible que no todas las bicicletas lo fueran. También recuerdo lo mucho que pesaba; y a mi pobre yayo subiéndola a un apartamento en Peñíscola en aquel mes de julio del 85. Llevaba, como mucho, diez minutos montando, y cuando le llamaba por el portero automático para que bajara a buscar la bici, tu abuelo no podía evitar preguntar; -¿ya te has cansado? Y a mi me daba igual. Total: yo no la iba a subir. Y ahora ya ves,  Adriana, hija: ¡cuántas veces he acabado yo también, treinta años después, arrastrando tu bici de niña mayor por el Parque de la Alcazaba!


Una de los momentos más excitantes que recuerdo sobre una bici, y por ende de mi vida entera, es el día en que bajé unas escaleras por primera vez. Ya sabes, o mejor dicho, ya lo sabrás; sujetas el manillar fuerte y… para abajo. Sin más ¡Me sentía tan poderoso con mi bici “de mayor”! Y eso es, precisamente, lo que descubrí a bordo de esa pequeña bici; el poder que te daba de atravesar el barrio rápidamente con tus amiguetes. Eran otros tiempos, dirán algunos, y los niños íbamos por las calles de La Rinconada, que así se llamaba mi barrio, como van ahora los repartidores de propaganda o como van las truchas por el agua; como si tal cosa.


A fuerza de saltar escaleras y bordillos y de que el cuerpo de un niño tiende naturalmente a ganar peso, un día mi Motoreta dijo basta; se partió en dos por su talón de Aquiles, que en el caso de la Orbea azul tenía forma de bisagra; ya te digo, Adri; era plegable. Pero por misterios de la vida, o porque se estilaba entonces, llegó la Yaya Espe toda resuelta y decidió llevarla a un taller cercano al Simago y a la estación de autobuses, donde un señor pequeño pero con el pelo blanco y pinta de abuelo, al menos a ojos de un niño, se entretuvo en soldarla y pintarla del color que yo quisiera ¡Era tan emocionante! ¡Por fin tendría una bici pintada a la carta! Recuerdo que en esa época sentía una fascinación curiosa por los taxis de Barcelona y por esa combinación cromática como de otro mundo. Dicho y hecho; desde entonces mi Orbea sería amarilla y negra. Y yo tan contento. 


Que descanses, Adriana.

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2 thoughts on “MI PRIMERA BICI DE MAYOR

  1. Son geniales esos recuerdos…! Recuerdo que mi primera bici “de mayor” fue cuando tenía 14 años, al acabar la EGB. Me compraron una Orbea de paseo, azul eléctrico metálico como la tuya que incluía su pegatina amarilla-dorada de “Tienda Berrendero”, jajaja. Me produjo una ilusión enorme y me sentí el “puto amo” en cuanto subí en ella…;))

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