TRAMPAS PARA CICLISTAS DE MONTAÑA

EL MUNDO DE LA MTB

No nos quieren

Adri, ya sé que todo lo que te cuento acerca de rodar por el monte con la bici parece maravilloso: coger aire puro, circular por lugares sacados de postales, correr cuesta abajo, subir pedaleando por senderos en los que cuesta subir andando, estar con amigos con los que compartes esta sana afición…

El problema es que a menudo se nos olTRAMPA PARA CICLISTASvida que antes que ciclistas debemos ser montañeros, como lo han de ser todos aquellos que surcan los montes.

Verás; hace veinte años, cuando yo empecé a salir con la bicicleta por el campo, éramos pocos los que montábamos por aquellos senderos. Lo normal, en aquella época, si te gustaba la montaña era transitar por ella andando o, como mucho, a caballo. Recuerdo que en los noventa no se le ocurría a ningún ciclista de monte-recuerda que somos montañeros antes que ciclistas- reprender a otro por considerar que estaba subiendo por un “tramo de bajada” ni se les ocurría, naturalmente asustar a los senderistas dando voces o derrapando, por sorpresa,  por la espalda  y a modo de aviso al aproximarse por detrás de los sufridos andantes. Claro, pensarás, erais cuatro.

Si que es verdad, hija, que aunque entonces éramos pocos los ciclistas de monte y llevábamos una bicis que ni de lejos permitían la conducción fluida y rápida que hacen posible las actuales, ni por los lugares por los que vamos ahora,  a los cazadores nunca les hicimos mucha gracia; la bicicleta es un medio de transporte que, lógicamente hace más ruido que las botas de campo y corre bastante más, sobre todo desde que se generalizaron las bicicletas de doble suspensión.

Con el tiempo y gracias a lo “fácil” que es ahora tirarse a tumba abierta por cualquier sendero, merced a las nuevas bicis, ha surgido una nueva especie de ciclistas, que aunque salen por el campo no tienen nada de montañeros.

Son unos personajes a los que se la sudan los valores propios de los amantes de la naturaleza y que no miran por el resto de personas que frecuenta la montaña.“Endureros” que se lo pasa bien bajando a toda hostia, pero que tienen dificultades para entender que un sendero es, a menudo un paso estrecho en el que ni caben dos bicis a lo ancho, ni se puede pasar rápido a nadie que vaya andando, a caballo o subiendo en bici.

Estos personajes, a menudo “modernetes” aburridos de todo y con gran poder adquisitivo,  ni siquiera son una mayoría, aunque lógicamente, una mala experiencia de un senderista con uno de estos “bicicleteros” no hará otra cosa que señalarnos a todos los que vamos en bici por el campo como unos impresentables.

A muchos nos gusta bajar rápido de vez en cuando, pero comprendemos que la prioridad en las sendas es, primero del peatón, luego del jinete y por último del ciclista que va subiendo.

Con este panorama no es de extrañar que cada vez se nos mire con peores ojos; cada vez existen más senderos vetados a los ciclistas. El Pardo, definitivamente, Adriana, lo han convertido cuatro enfermos de los saltos en un bike park, que es el equivalente para las bicicletas de descenso a la pista de esquí. Estos locos de las emociones mal entendidas, llegan por la noche al Pardo y se ponen a construir saltos a pico en pala, dicho sea de paso poniendo en peligro además al resto de ciclistas.

Como es lógico, si el resto de ciclistas no tratamos de compensar estos comportamientos procurando ser exquisitos con el trato a los demás usuarios del campo,  no tardaremos en ver protestas de los cada vez más asustados senderistas o jinetes a los que también les gusta pasear por sus áridas laderas sin la sufrida amenaza de una bici a todo gas rozándote la mochila al pasar. Y, como es natural, lo primero que van a reivindicar es que se prohíba la circulación de bicicletas por los caminos.

Volviendo a mencionar la actividad cinegética, si esta se caracteriza por algo, es por la enorme extensión de terreno que necesita y por lo incompatible de su actividad con el resto de usos del monte; un ciclista y un senderista están obligados a respetarse cuando se cruzan por un camino. Sin embargo las balas perdidas rara vez ceden el paso al resto de usuarios.

Hasta ahora sólo te he hablado de incidentes sin demasiada importancia, incómodos, de cierto riesgo pero en el que los distintos actores implicados no salen al monte con intención de hacer daño a nadie. La cosa cambia cuando hablamos de cuatro malnacidos que se dedican a poner trampas por el campo con forma de clavos o de alambres, que atados de árbol a árbol, pueden degollar a un ciclista o a cualquier persona que pase por allí. Aquí, los “amigos de la escopeta” y algunos ganaderos sin escrúpulos son los principales señalados. Ya te digo Adri, nos quieren expulsar del campo y nos amenazan con matarnos, que es lo que a ellos les gusta; ir al campo a matar.

Como ves, la “sociología campestre de fin de semana” es una triste extensión de esta sociedad española que, aunque se diferencia principalmente por su carácter solidario y abierto, a menudo enseña su rostro más cainita y paleto. Depende de nosotros como usuarios de los diferentes senderos que esto no vaya a más.

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