UN DIA EN CERCEDILLA

RELATOS DE LA GATERA

Un día en Cercedilla

10/06/15

Hola Adri ¿qué has estado haciendo esta tarde? Me imagino que habrás estado jugando con tu abuela y viendo la tele.

Yo acabo de llegar de Cercedilla, con un aspecto de lo más guarro, cubierto por una fina capa de polvo, crema solar y sudor. Además no puedo respirar bien, me duele el diafragma cuando respiro profundamente. En pocas palabras, Adri: estoy agotado.

Es lógico pensar que donde mejor se está durante un ocho de julio de un verano particularmente caluroso es en alguna piscina municipal, en cualquier lugar campestre donde te dé la sombra y te puedas bañar. Muchos incluso pensarán que el mejor sitio en el que se puede estar durante una tarde de verano es en un centro comercial: esas gigantescas neveras nacidas para arrancarnos el dinero de nuestros bolsillos.

Aunque ya sabes que si me das a elegir, yo prefiero el campo abierto a cualquier otro lugar. Prefiero que me dé el viento en la cara para poder sentir como corta el aire invernal y como quema el sol del mes de julio, subir una montaña y volverla a bajar. Escuchar el serpenteo de las ruedas en un suelo ligeramente arenoso, seco y duro que no ejerce una resistencia demasiado elevada a nuestro movimiento. Parar a descansar bajo la sombra de un árbol. Cruzar un río. Sacar unas fotos. Comerse un bocadillo en mitad de ninguna parte. Enlazar unas curvas con otras sintiendo como todo nuestro cuerpo se balancea de un lado al otro. Beber mucha agua, mucha.

Bajar por esos caminos de dios que, en realidad no dejan de ser un río de piedras afiladas.  Tu bici y tú bailáis al compás de una danza en la que la técnica, la pasión, la concentración y una agradable sensación de ser pequeñísimo en un paisaje enorme te van llevando a una especie de estado superior en el que pocas cosas importan tanto como para despertar de la ensoñación que produce esta ilógica catástrofe.

No te digo yo que este tipo de aventuras no resulte agotador: es verdad que sobre la bici se sufre mucho. Subir a la Fuenfría primero desde Cercedilla y después desde Valsaín como hoy lo hemos hecho Ana, Nieves, Pedro, Ricardo y yo duele. Pero amar también duele y todo el mundo necesita que le rocen los demás.

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