EL PARDO EN BICI EN OTOÑO

RELATOS DE LA GATERA

El Pardo en otoño

A los pocos días de escribir el RELATO DE LA GATERA titulado Una Décima de Segundo, me he decidido a vencer la pereza y salir por el campo a darme una vuelta en bici. Llevo días en los que el ajetreo típico de la vuelta al cole y una aIMG_20151028_095654ctividad que se me antoja más intensa que de costumbre, me está robando demasiado tiempo para rodar en solitario; que en mi caso es un momento que aprovecho para hacer algo parecido a la meditación .

Así que, esta mañana, Adri, después de dejarte en el colegio me he acercado al Monte del Pardo con la intención de dar pedales. Sin Prisa. Dar pedales sin más;  porque dando pedales el aire entra más rápido en los pulmones y, como si alguien se hubiera dejado abierta la ventana del sistema nervioso central, este soplo renovado con aroma a humedad y horno de carbón ventila la mente de manera radical. Dar pedales supone dejar atrás la locura y volver a sentir que el mundo está en equilibrio.

En el momento en que mis ruedas entran en contacto con tierra, dejando atrás el asfalto, me adentro en mi particular santuario y comienzo a rodar sobre un inmenso mar de hojas caídas de los árboles que me llevan a imaginar que la rueda delantera de mi Santa Cruz Chameleon de 2012 es la proa de un barco que se IMG_20151028_101350va abriendo paso por un suelo húmedo de hojas secas. Un suelo resbaladizo que exige mi máxima concentración, sin embargo, también me brinda la oportunidad de hacer un análisis introspectivo que me ayude a separar la urgencia de lo importante.

Así mismo, un cielo sereno y gris, enmarcado por un millón de hojas amarillas me promete, en secreto, un noviembre que no será un noviembre más: será un noviembre distinto.

Pasear por El Pardo en otoño es tan sanador para las almas inquietas (normalmente confusas, a menudo intranquilas) que deberían prescribirlo los médicos de los centros de salud del Distrito de Fuencarral-El Pardo.

Dejo atrás la zona del río y del pueblo y, subiendo por la pista quIMG_20151028_095514e conduce a Valpalomero, me siento en el mismo banco que consiguió que me desbloqueara aquella mañana asfixiante de finales de julio. En la parte alta del Monte del Pardo, los árboles que más abundan son las encinas, cuyas hojas dibujan un paisaje que no sería muy distinto del de otras épocas del año más soleadas si no fuera por lo húmedo de las sendas y la niebla que viste la atmósfera. Una atmósfera ideal para coger aire, repensarse (si se quiere) y, como un niño con zapatos nuevos, volver a empezar.

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2 thoughts on “EL PARDO EN BICI EN OTOÑO

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