Trascender

RELATOS DE LA GATERA

Crónica de la primera vez que Adriana y yo salimos en bici de monte

 

Una vez escuché que la ignorancia de los adultos es la que los conduce a la guerra y, sin embargo, la sonrisa de un niño les vuelve a enseñar que la felicidad se encuentra lejos, muy lejos del campo de batalla.

Gracias, Adriana. Sólo se me ocurre agradecerte esa capacidad infinita de ser mi guía, el cordel que me conduce a la salida del Laberinto del Minotauro que yo sólo he edificado alrededor de mis miedos, dudas y resquemores. Tu sola presencia me libra del desastre, tu sonrisa me alumbra más que mil soles y me cobija con un calor nuclear.

Ayer por la mañana, por cortesía del Club Ciclista Biciglotones, tú y yo tuvimos la ocasión, por primera vez,  de rodar juntos, en grupo. Padre e hija. Ayer tuviste la oportunidad de conocerme un poco más. De descubrir porqué nunca dejaré de salir en bici: ayer entraste un poco más en mi mundo, pudiste sentir lo que yo siento cuando salgo en bici con mis amigos y, de alguna forma, te pusiste a mi nivel, te hiciste mayor y a mi me hiciste un poco más sabio.

Verte rodar con una Orbea significa que puedo viajar treinta años atrás y hablar de tú a tú conmigo mismo, con el niño alcalaíno de siete años cuya vida era más sencilla. Gracias a estos momentos puedo cumplir uno de mis mayores deseos: volver a ver el mundo a través de los ojos de un niño.

Verte rodar y reír, hablar sin parar con mis amigos y descubrir el entorno de la Casa de  Campo a través de esos ojos de niña -cuya ilusión te deseo que no pierdas nunca- es una sensación de frescura inmensa. Como lavarse la cara después de una noche pesada.

Ser un equipo contigo, tener el privilegio de estar junto a ti en estos momentos me lleva a creer que en el fondo somos la misma persona que ha nacido dos veces con treinta años de diferencia.

Es verdad: los adultos muchas veces nos olvidamos de ser felices y de cuidarnos. Sin embargo, yo tengo la suerte de que exista alguien como tú que me vuelva a demostrar la diferencia entre lo urgente y lo importante.

En el fondo, bien mirado, ser padre es la manera más fácil de trascender.

 

 

 

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